sábado, 9 de julio de 2016

LA REBELDÍA DEL PADRE DUNPHY

Entre el 14 y 18 de septiembre de 1949 se desarrolló en la Parroquia Inmaculada Concepción de Venado Tuerto una misión a cargo de los padres de la Congregación Pasionista Victor O’Carolan y Celestine Butterly, ambos originarios de Irlanda.

Por razones circunstanciales, se encontraba por esos días en Venado Tuerto el ex sacerdote José María Dunpy Harrington, que había sido apartado de su ministerio por la jerarquía eclesiástica, que era presionada por el gobierno de Juan Domingo Perón a raíz de las encendidas prédicas del sacerdote contra el gobierno, al que consideraba dictatorial.

En reiteradas ocasiones el sacerdote fue convocado por sus superiores para que revea su actitud y poder así volver a su actividad pastoral. Pero el clérigo, fiel a sus principios y a los del evangelio, no aceptó retractarse y sostuvo que nada lo haría cambiar por cuanto todos sabían que sus denuncias eran reales. A raíz de ello fue silenciado e inhabilitado para ejercer su ministerio.

Cuando el P. Víctor se enteró de la presencia de Dunphy en la ciudad, de inmediato le pidió a mi padre que lo llevara hasta la casa del señor Cecilio Quiroga, reconocido martillero de la ciudad y activo dirigente de la Unión Cívica Radical. Quiroga le había dado alojamiento mientras estuviera en la ciudad y aprovechó la ocasión para presentarlo a correligionarios y amigos para que conocieran a este hombre que con mucho coraje no vaciló en denunciar al régimen peronista.

Hoy, después de más de 60 años, viene a mi memoria cual si fuera ayer, la imagen del Padre Victor llamando a la puerta de Pellegrini 864.

Estuvo en el interior de la casa alrededor de una hora, hasta que salió acompañado por un hombre de gran prestancia; alto, delgado, de cabellos blancos y riguroso traje negro, era el Padre José María que despedía al Padre Víctor con afecto.  

El P. Víctor se jactaba de haber exorcizado a muchas personas poseídas, pero volvió apenado de la reunión;  no había logrado que el Padre Dunphy se retractara ante sus superiores y poder así  reintegrarse a la congregación. La suerte estaba echada, Dunphy no se retractaría jamás de sus dichos. Su integridad personal y su fidelidad al Evangelio así se lo dictaban.

NOTA:  Su sobrino nieto Pablo Botto Dunphy (1.4.1.1.) me hizo un comentario interesante de su tío. Siendo sacerdote, José María solía reunirse con amigos en la casa de Ernesto Sábato en Santos Lugares. Allí, además de analizar la situación socio-política del país en reuniones secretas, se armaban grandes partidas de truco que duraban hasta pasada la medianoche.  


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