lunes, 25 de enero de 2016

ESCUELA PRIMARIA

No me alcanzarían estas páginas para agradecerles a mis padres todo lo que me dieron, pero como todo hijo, tengo algo que reprocharles: el no haberme enviado a estudiar a una escuela pública.

En “Recuerdos de mi Barrio…”,  dije que cada familia del vecindario acarreaba: un karma de costumbres y ritos ancestrales”. Mis viejos cargaban con la fe religiosa como eje central de la familia, razón por la que nunca nos enviaron a la escuela pública que era laica y obligatoria. En lugar de religión, se dictaban clases de “moral, higiene y buenas costumbres”. Existía entonces el temor de que se dañaran los principios religiosos, permanentemente fogoneado por los socialistas que aprovechaban la “rivalidad” que existía entre católicos y evangélicos, para poner bocadillos antirreligiosos.  Durante la campaña presidencial de 1957/58, el socialismo no vaciló en vituperar a los creyentes religiosos tratándolos de fanáticos e ignorantes. Su propaganda era muy feroz e intolerante.

Mientras los evangelistas promovían las escuelas dominicales con gran concurrencia de alumnos, los socialistas se volcaban a la formación de cuadros juveniles a través de las bibliotecas populares, una característica muy arraigada en el socialismo de entonces. En Venado Tuerto los socialistas fundaron la Biblioteca Popular Florentino Ameghino, una entidad de reconocida trayectoria y orgullo de nuestra ciudad.

Hoy esas discrepancias religiosas se han superado, y podemos decir que no existen rivalidades entre católicos y evangelistas que celebran rituales ecuménicos. Pero entre las sectas  que se han propagado últimamente, sí se originan rivalidades.

Por su parte el socialismo moderó su discurso notablemente. Dejó de ser aquel partido político acérrimo anticlerical que hería los sentimientos de muchas personas que simpatizaban con ellos pero que se sentían lastimados por su virulencia hacia los hombres de la iglesia. No obstante, y a mi criterio, bien poco hicieron la iglesia católica y los católicos en sí para crear escuelas gratuitas para la clase trabajadora.

Tal vez haya sido ésta una de las razones por las que  nuestros viejos nos enviaron a estudiar con  maestras particulares primero y posteriormente a escuelas confesionales.

Maestras
La primera maestra que tuvieron mis hermanos fue la señorita Dora Iturbide[1], mientras que la señorita Nélida Arduino[2] fue mi maestra de 1º y 2º grado.

El hecho de no asistir a una escuela pública, me descolocó ante mis amigos del barrio, con quienes no podía compartir vivencias escolares, escenario que continuó a partir de  3º grado, cuando me enviaron al  colegio Sagrado Corazón -que además de lejos- estaba totalmente desconectado de mi barrio.  Dos años más tarde el colegio implementó el novedoso “transporte escolar” y contrató los servicios de la empresa de transporte de pasajeros de don José Rocaspana, para transportar a los alumnos de las periferias con “la bañadera”, un colectivo antiguo que manejaba su hijo Carol Rocaspana y que posteriormente se convirtió en el recordado barquito “Democracia” que andaba por la ciudad para deleite de grandes y chicos.  Con esta incorporación, el colegio amplió su radio de influencia, y posibilitó la incorporación de  alumnos de los barrios más alejados del establecimiento.

Pero estos cambios no apuntaban solamente a la inscripción de nuevos alumnos, sino a la renovación de su plantel de personal educativo, incorporando maestros laicos. Los primeros maestros de la primaria fueron: un señor llamado Gaspar (cuyo apellido no recuerdo en este momento) y Eduardo Cesáreo Marroquín, ambos maestros normales. También incorporó a la  primera mujer, que fue la señorita Rosa Nely Cabrera, que a la postre contrajo matrimonio con Carol Rocaspana, el chofer de “la bañadera”.  

Paralelamente, en esos años conflictivos, el gobierno nacional trató de limitar la incorporación de alumnos a las escuelas privadas mediante un decreto que obligaba a los colegiales a concurrir  a las escuelas más próximas a su domicilio. Eso se debía a que las escuelas privadas estaban absorbiendo gran cantidad de alumnos, atento a que el sistema educativo había tomado un rumbo político-partidario gubernamental, en detrimento de quienes no comulgaban con su doctrina. Luego vino el golpe del 55 y ya sabemos lo que pasó.




[1] Hija de don Alejandro Iturbide y de doña Emilia Jeren Werner.
[2] Contrajo matrimonio con Eduardo San Juan (sin descendencia)

1 comentario:

  1. Estimado Sr Wallace,

    mi nombre es Carol Rocaspana, hijo de la Señorita Rosa Nely Cabrera y del "chofer de la bañadera". Con mis hnas, queríamos agradecerle el recuerdo cariñoso de mis padres. En especial un día como hoy, día del Maestro, en que ella recordaba con afecto a todos sus alumnos a quienes entregó toda su especial dedicación como Maestra. Hoy vive en nuestra memoria y nuestros corazones.
    Por su parte, nuestro padre le agradece emocionado el recuerdo de nuestro abuelo, de su trayectoria y en especial del barquito "Democracia" que construyó con sus propias manos.

    Un cordial saludo y siempre agradecido.
    Carol Rocaspana (h)

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